A 10 años del aluvión ¿estamos preparados?
Aún existen desafíos significativos en la planificación y ejecución de proyectos a largo plazo. Cristian Alzamora Zepeda, Presidente de la Cámara Chilena de la Construcción Atacama
El aluvión del 25 de marzo de 2015, marcó un antes y un después para la región de Atacama. Fue una de las tragedias más devastadoras que ha enfrentado nuestra zona en las últimas décadas.
Como Cámara Chilena de la Construcción (CChC) Atacama, estuvimos desde el día uno apoyando a las comunidades más afectadas. Participamos activamente en las labores de limpieza y retiro de barro en Copiapó, logrando extraer 28.500 m³ de lodo, lo que permitió despejar 29 kilómetros de calles en el cuadrante de Circunvalación, Diego de Almagro, Copayapu y Henríquez, además de otras zonas fuera de ese radio. Y también se retiraron 3.000 m³ de escombros, depositados en botaderos autorizados.
Este esfuerzo fue posible gracias a la colaboración de múltiples empresas socias, que pusieron a disposición maquinaria, personal y apoyo logístico, liderados por el entonces presidente del gremio, Yerko Villela, lo que permitió avanzar con rapidez en la recuperación de la ciudad.
Paralelamente, se construyeron soluciones de agua potable y alcantarillado para las primeras 30 viviendas de emergencia en el sector de Nantoco, con financiamiento del gremio. En Diego de Almagro, Alto del Carmen y El Salado, en tanto, se donaron herramientas y múltiples aportes desde distintas sedes del país.
Pero, a una década de la tragedia, ¿estamos preparados para otro aluvión? Si bien el Gobierno ha implementado medidas de mitigación, que han mejorado los protocolos de emergencia y la infraestructura preventiva, aún existen desafíos significativos en la planificación y ejecución de proyectos a largo plazo. La historia de Copiapó está marcada por aluviones: 1783, 1850, 1918, 1983, 1997, 2015 y 2017. Acontecimientos que se repiten como advertencias. Por esto es crucial seguir invirtiendo en infraestructura hidráulica, reforzar la planificación urbana con enfoque preventivo y mejorar la capacidad de respuesta ante emergencias.
Desde la región vemos con preocupación que el gobierno central sigue sin realizar inversiones proporcionales a la contribución de Atacama al país. Necesitamos que el desarrollo se distribuya de manera más equitativa. Las brechas en educación preventiva, ejecución de obras de mitigación y planificación territorial son considerables.
Atacama requiere políticas públicas que aborden nuestras realidades y desafíos con inversiones sostenidas y concretas.